
El presidente venezolano, Hugo Chávez, amenazó el martes con cerrar la frontera con Colombia y mandó reforzar la presencia militar tras el asesinato de dos soldados destacados en la zona, aumentando la tensión entre los vecinos andinos.
Chávez, un duro crítico de la influencia estadounidense en la región, congeló en julio las relaciones con Colombia y ordenó reducir al mínimo el comercio como respuesta a un plan de Bogotá para incrementar la cooperación militar con Washington.
"Nosotros no hemos (ordenado el cierre). Si la situación sigue complicándose pudiéramos hacerlo. Una de las medidas que estamos estudiando (es) decretar la emergencia en la frontera y bueno, cerrar eso", dijo el líder socialista en un Consejo de Ministros transmitido por la televisión estatal.
La recurrente tensión diplomática se ha convertido en un factor de riesgo político para las inversiones en ambos países por su creciente impacto en el comercio bilateral -incluyendo textiles, alimentos y combustibles-, que el año pasado marcó un récord de más de 7.000 millones de dólares.
"El llamado es a que continuemos en la batalla, tomando todas las medidas que habrá que tomar, que ya estamos tomando, medidas especiales (como) el incremento de unidades en toda esa línea fronteriza", agregó, tras responsabilizar a Colombia por los recientes hechos de violencia en la inestable frontera.
Testigos de Reuters reportaron que decenas de soldados venezolanos bloquearon el martes el principal paso fronterizo entre ambos países, donde apostaron un vehículo blindado armado con una ametralladora de alto calibre para evitar el tránsito de tráfico terrestre.
Centenares de personas se vieron obligadas a cruzar la frontera a pie cargando maletas, bolsas y mercancías, mientras largas colas de vehículos se formaron en ambas aduanas esperando que las autoridades levanten el bloqueo.
"Toda la población fronteriza ha estado sufriendo el cierre de la frontera porque la gente necesita cruzar al otro lado para cumplir sus compromisos, para trabajar", dijo Geovanni Yaruno, un pequeño empresario colombo-venezolano que esperaba para atravesar el paso hacia Colombia.
TURBIOS ASESINATOS
La tensión en los más de 2.000 kilómetros de frontera -donde operan rebeldes colombianos, contrabandistas de combustible, narcotraficantes y hampa común- se ha incrementado recientemente por dos turbios casos de asesinato que Venezuela achaca a paramilitares procedentes del país vecino.
El lunes, cuatro motorizados dispararon a plena luz del día y por la espalda a dos soldados venezolanos que custodiaban un puesto de vigilancia fronteriza. Uno de los supuestos asesinos fue capturado tras el incidente y está siendo investigado por las autoridades venezolanas.
Esto sucede pocas semanas después de que se encontraran 11 cadáveres -nueve colombianos, un peruano y un venezolano- baleados y maniatados en el occidental estado de Táchira, a los que Caracas también ha calificado de paramilitares.
"El Gobierno de Colombia está detrás de todas estas agresiones", dijo Chávez, quien acusó a los gobernadores de la oposición de colaborar con fuerzas irregulares para desestabilizar a su Gobierno "revolucionario".
Venezuela mantiene encarcelados a tres hombres acusados de trabajar como espías en su territorio para el servicio de inteligencia colombiano DAS, mientras que el gobierno del presidente Alvaro Uribe ha acusado a Chávez de dar apoyo financiero a los rebeldes de las FARC.
Pese a la tensión entre ambas naciones, el canciller colombiano, Jaime Bermúdez, dijo en una visita a Ecuador que su Gobierno está dispuesto a entablar conversaciones con Caracas para limar asperezas y reconducir las relaciones.
"Con Venezuela nosotros nunca hemos cerrado la posibilidad de dialogar, de hablar (...) Esa puerta sigue abierta. Sabemos que hay temas sensibles, pero tenemos el propósito de tener las mejores relaciones con ese país, como con todos los países del continente", dijo Bermúdez desde un pueblo al norte de Quito.
(Con informe adicional de Eyanir Chinea en Caracas, Luis Jaime Acosta en Bogotá y Alexandra Valencia en Quito, escrito por Enrique Andrés Pretel, editado por Silene Ramírez)
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